Plática Dhármica: Este Mismo Cuerpo

La práctica debe implicar a todo nuestro ser, no sólo a la cabeza The post Plática Dhármica: Este Mismo Cuerpo appeared first on Tricycle: The Buddhist Review.

Plática Dhármica: Este Mismo Cuerpo

Dharma in Spanish

¡Bienvenidos a nuestra nueva sección de Dharma en Español! Aquí en Tricycle reconocemos la importancia de seguir ofreciendo el dharma a los practicantes de una amplia gama de comunidades, y dado el creciente interés en el dharma en español, hemos puesto en marcha una nueva iniciativa para ofrecer enseñanzas originales y traducidas. Profesores de habla hispana de Latinoamérica y Europa han contribuido generosamente con charlas de dharma y prácticas que publicaremos en nuestra página web y en la revista, así como con artículos seleccionados de nuestra Sección de Enseñanzas. Esperamos que estos artículos cuidadosamente seleccionados les inspiren, desafíen y apoyen, y que también animen a todos aquellos que buscan la liberación a recorrer el camino de la práctica.  

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Welcome to our new Dharma in Spanish section! Here at Tricycle we recognize the importance of continuing to make the dharma available to practitioners across a wide range of communities, and given the increased interest in Spanish dharma, we’ve started a new initiative to offer ongoing original and translated teachings. Spanish speaking teachers from both Latin America and Europe have generously contributed dharma talks and practice pieces that we’ll be publishing in our website and print magazine, as well as selected pieces from our Teachings section. It’s our hope that these carefully curated offerings will inspire, challenge, and support you and encourage all those seeking liberation to walk the path of practice.  

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Muchos de nosotros luchamos para sacar la práctica de nuestra cabeza y encarnarla. Estamos condicionados a dirigir nuestras vidas con la mente, a usar nuestra capacidad de pensar y juzgar en todo lo que hacemos, y eso afecta nuestro zazen. Puede tomar la forma de tensión o rigidez. Puede manifestarse como dolor en las articulaciones o en la espalda. Y puede que estemos tan acostumbrados a llevar nuestra vida de esta manera que ni siquiera seamos conscientes de nuestro malestar, hasta que empezamos a sentarnos y, con una nueva conciencia de lo que ocurre en nuestro cuerpo, lo notamos por primera vez.

Cuando realizamos actividades como conducir, caminar o cepillarnos los dientes mientras estamos sumidos en nuestros pensamientos—por ejemplo, pensando en una conversación que aún no ha tenido lugar—no somos conscientes de lo que ocurre en nuestro cuerpo. En ese momento, estamos tan metidos en la cabeza que somos incorpóreos.

La filosofía y la religión presentan a menudo un dualismo entre mente y cuerpo, o espíritu y materia. En algunos sistemas de creencias, el cuerpo se considera impuro, como si el reino mental fuera más valioso, más noble o virtuoso que el reino físico. Lo mismo ocurre con las emociones, que implican respuestas y sensaciones corporales. A menudo se tratan como algo que debemos mantener bajo control, para que no nos juzguen como débiles o inestables. Pero cuando reprimimos u ocultamos nuestras emociones, nos encontramos con todo tipo de problemas, no sólo en términos de nuestra propia sensación de bienestar, sino también en nuestras relaciones con los demás.

En el zen, hablamos de cuerpo-mente, lo que ayuda a entender que ambos están integrados, pero no deja de ser nada más una palabra que no llega a la experiencia pura, directa y vivida de encarnarnos en un cuerpo. Del mismo modo, podemos hablar, leer y escuchar las enseñanzas e inspirarnos, pero, al final, el zen no es una creencia, sino una práctica: una experiencia que abarca todo nuestro ser. Esta experiencia comienza con aprender a sentarse: con la posición ideal de las caderas, la cabeza, los hombros y los diversos elementos que crean una base estable y relajada para zazen y conforman una postura eficaz para la concentración. La palabra latina para concentración (concentratio) significa “juntar, reunir en el centro”, como cuando reunimos nuestra atención y la colocamos en el hara, un punto situado unos dos centímetros por debajo del ombligo.

Sin embargo, nuestra mente aferrada y calculadora puede malinterpretar fácilmente la concentración como actividad mental. Pero la concentración es un estado de conciencia que implica tanto a nuestro cuerpo como a nuestra mente. Observar la postura con la mente de un principiante puede ser muy útil, y esto ocurre de forma natural para las personas que se inician en la práctica. Pero para los que llevamos tiempo meditando, es necesario que observemos con honestidad nuestra postura y consideremos hasta qué punto puede estar ayudando o impidiendo nuestra práctica. Nuestros cuerpos cambian con el tiempo—debido al envejecimiento, a una lesión o a cualquier otra condición—así que siempre hay margen para adaptarse y mejorar, teniendo en cuenta que nuestra postura afecta a nuestra capacidad de concentrar la mente.

R

ecientemente, estaba leyendo el libro Abrir la mano del pensamiento: Fundamentos de la práctica del budismo zen, de Roshi Kosho Uchiyama, que contiene una vívida descripción de la diferencia entre el Pensador de Rodin y la figura de un buda sentado. 

Uchiyama afirma que el Pensador “está sentado encorvado, con los hombros echados hacia delante y el pecho comprimido, en una postura mental e ilusoria. Los brazos y las piernas están flexionados, el cuello y los dedos doblados, e incluso los dedos de los pies curvados. Cuando nuestro cuerpo está doblado y contorsionado de esta manera, el flujo sanguíneo y la respiración se congestionan; quedamos atrapados en nuestra imaginación y somos incapaces de liberarnos. En cambio, cuando nos sentamos en zazen, todo está erguido: tronco, espalda, cuello y cabeza. Como nuestro abdomen descansa cómodamente sobre las piernas sólidamente dobladas, la sangre circula libremente hacia el abdomen y la respiración se mueve libremente hacia el tanden o hara. Se alivia la congestión, disminuye la excitabilidad y no necesitamos perseguir fantasías y delirios”.

Dicho esto, si tenemos una limitación física que nos impide sentarnos con las piernas cruzadas, simplemente nos adaptamos según sea necesario. Siempre hay una forma de practicar, incluso recostados.

Cada uno de nosotros tiene que practicar en el cuerpo en el que se encuentra. Yo tengo una curvatura en la parte inferior de la columna debido a una escoliosis infantil, y mi pelvis se desalinea con bastante facilidad. Si no soy consciente de mi postura, me inclino hacia un lado al sentarme y siento dolor en la cadera. Tardé años en descubrir cómo trabajar con ello, y sigo trabajando en ello. Así es mi cuerpo. Para utilizar las palabras de Uchiyama, “zazen correcto” no es cuestión de tener una postura perfecta. Se trata de trabajar con los distintos elementos de zazen como una forma de implicar todo nuestro cuerpo en la práctica, no sólo la cabeza. “Es fácil decirte que apuntes a la postura correcta y lo dejes todo en manos de eso, pero no es tan sencillo hacerlo. Incluso mientras estamos en posición de zazen, si continuamos con nuestros pensamientos, estamos pensando y ya no estamos haciendo zazen”.

En el Zendo de Chapin Mill, de vez en cuando oímos pasar trenes a lo lejos. En un momento, oímos un tren que se acerca cada vez más, cada vez más fuerte, y en el momento siguiente, ha desaparecido. No tenemos que hacer nada al respecto. Simplemente pasa. Del mismo modo, hay una diferencia entre perseguir los pensamientos y simplemente dejar que ocurran. En zazen, no los alejamos ni nos aferramos a ellos. Simplemente los dejamos pasar mientras mantenemos la concentración en nuestra práctica.

Como dice Uchiyama: “Zazen no es pensar, ni tampoco dormir. Hacer zazen es estar lleno de vida, con el objetivo de mantener una postura de zazen correcta. Si nos adormecemos mientras hacemos zazen, nuestra energía se disipa y nuestro cuerpo se vuelve flácido. Si perseguimos nuestros pensamientos, nuestra postura se volverá rígida. Zazen no es ni estar flácido y sin vida ni estar rígido; nuestra postura debe estar llena de vida y energía. . . . Cuando hacemos zazen, no debemos estar dormidos ni atrapados en nuestros pensamientos. Debemos estar bien despiertos, buscando la postura correcta con nuestra carne y nuestros huesos. ¿Podremos conseguirlo alguna vez? ¿Existe el éxito o el acierto? Aquí es donde zazen se vuelve insondable.

“En zazen, tenemos que aspirar vivamente a mantener la postura correcta, ¡y sin embargo no hay ninguna marca que alcanzar! O en todo caso, la persona que hace zazen nunca percibe si ha dado en el blanco o no. Si la persona que hace zazen piensa que su zazen se está volviendo realmente bueno, o que ha ‘dado en el blanco’, está simplemente pensando que su zazen es bueno, mientras que en realidad se ha separado de la realidad de su zazen. Por lo tanto, siempre debemos aspirar a hacer un zazen correcto, sin preocuparnos por percibir que se ha dado en el blanco. . . . Zazen es simplemente todo nuestro ser haciéndose a sí mismo por sí mismo. Zazen hace zazen”.

O, más sencillamente, es nuestro cuerpo simplemente estando en un cuerpo. Ya tenemos todo lo que necesitamos para sacar nuestra práctica de nuestra cabeza y meterla en nuestro cuerpo, simplemente por estar en el cuerpo en el que estamos, tal cual, en este momento. No sólo mientras estamos sentados, sino también en la actividad. En el zen, a menudo hablamos de sacar nuestra práctica del zendo, del cojín de meditación, y llevarla al mundo. Pero también funciona en la otra dirección. Llevar el mundo a nuestra práctica consiste en no separarnos de la vida tal y como es, tal y como la experimentamos a través de nuestros ojos, oídos, nariz, lengua, cuerpo y mente.

En el Canto de alabanza a zazen del maestro Hakuin, la línea final es “y este mismo cuerpo [es] el cuerpo de Buda”. ¿Qué es ese cuerpo? No es simplemente mi particular bolsa de piel y huesos o mi particular ecosistema de microorganismos. Cada vez que nos liberamos de nuestros pensamientos, nos estamos liberando en aquello que está más allá de nuestro ser material, físico; más allá de este cuerpo que llamamos nuestro yo y que se vuelve nuestro Verdadero Yo, que es no-yo.

Adaptado de Practicando con todo nuestro ser, un episodio del podcast del Centro Zen de Rochester.

This article previously appeared on Tricycle as This Very Body.